
¿Quién me mandará levantarme a las 4:00 para hacer esto? Esa es la pregunta que me hice ya en el km 12, y todavía faltaban 42 para llegar a meta. Pajarón en el km 15 y dolor insoportable en la rodilla izquierda hasta el final.
Comienzo con mi amigo Jorge haciendo los dos primeros montes andando, pero subiendo el cuarto, Almurrain, le digo que no me espere ni para la cena. Noto que no voy. No puedo subir corriendo, me mareo, y lo peor es que tampoco puedo correr bajando. Durante unos cuantos km voy totalmente solo y no veo a nadie, pero me tranquiliza ver las balizas. Voy tan mal que ya pienso en qué lugar retirarme. ¿Puerto Vitoria? ¿Puerto Zaldiaran?
Hacia el km 28 ó 30, bajando Pagogan, me encuentro mucho mejor y el avituallamiento del Puerto Zaldiaran, en el km 42, me salva de una retirada segura. Allí mismo, otro corredor con el que había compartido algún km, Íñigo García, me deja esparadrapo y puedo sujetarme las dos rótulas, ya que el dolor era brutal. Desde aquí, mi agradecimiento, por el detalle que tuvo y porque nos hicimos compañía hasta la meta.
Finalmente, entro el 67, y dando gracias, porque podía haber ido peor. 7 horas 57 minutos de sufrimiento contínuo, en uno de los días en los que menos he disfrutado corriendo.
La sorpresa viene al ver la clasificación, ya que Carlos Riaguas, compañero de tantos rodajes por las sierras alavesas, gana con bastante autoridad, sacando prácticamente 30 minutos al segundo clasificado, y rebajando el record de la prueba en 8 minutos, en poder de Xabier Alzola, ochomilista vitoriano.
Y lo mejor de todo es que tan sólo dos minutos me separaron de Malamute runner, y no nos vimos. Como bien dices, siempre nos quedará vernos en Kapildui.