Sé que no tengo perdón. Veo que la fecha de la última entrada se aleja más allá del mes.
No hay excusas. Ni los exámenes ni el volver al trabajo cinco meses después. Me voy a proponer hacer una entrada semanal (espero no dejarme llevar por la emoción del momento).
Muchas cosas en el tintero. Demasiadas para ser contadas.
He pasado de estar (una vez más) desesperado con la dichosa periostitis, y estar llamando a una conocida podóloga de Biarritz para conseguir una cita, a estar en una nube. Me explico.
Tras varias llamadas a esta podóloga, y sin obtener respuesta alguna, me planteé dejar de correr. Dicho y hecho.
Empiezo de nuevo a correr en la piscina. Lentamente voy introduciendo algunos largos nadando, encontrándome con que he pasado de nadar 50 metros (con una parada incluída y flato), a completar 700 - 800 metros con menos esfuerzo del esperado. Algunos dirán que no es para tanto, pero para mí es un logro que va a ir a más en los cuatro días semanales que le estoy dedicando al agua.
Por otro lado, y coincidiendo que el sol salía de su letargo, empiezo a rodar en bici de carretera. Me siento tan cómodo que repito varios días a la semana.
Hasta que llega el día que veo mis zapatillas de trail en el garaje. Ahí arrinconadas, con su capita de barro seco. Sin pensar en la tibia, para cuando me doy cuenta ya me he atado los cordones y me están llevando monte arriba.
1 km sin molestias, 2 km sin molestias, 4 km sin molestias, 6 km, 12 km, 2 días, 5 días... pero si no tengo ningún tipo de dolor!!! Al menos hasta hoy, y sigo tocando madera. Lo dicho. Estoy en una nube.
Ahora miro la agenda del Polar ProTrainer, y me llama la atención, entre otras cosas, que llevo 14 días seguidos entrenando. Tengo que tirar de hemeroteca y retroceder unos 10 años para ver algo igual. Incluso veo días en los que estoy doblando. Eso sí, 0 km corriendo por asfalto. No me la juego de nuevo.
En la piscina coincido con varios triatletas. Salgo en bici y me los vuelvo a encontrar. Corriendo por el monte no los veo porque por estos bosques hace años que sólo me cruzo con animales de cuatro patas. Pero voy a estirar y a ducharme al gimnasio y allí están ellos, recién llegados de correr. ¿Será posible? Estoy entrenando como un triatleta (a mi manera) sin serlo, o al menos eso creía yo. Por mi cabeza ya empiezan a rondar ciertas cosas.
La verdad es que salgo bastante motivado a entrenar. Esta semana, en un nuevo desvío dentro de los innumerables cruces que hay por los hayedos de los Montes de Vitoria, me encuentro un sendero estrecho. Un sendero de los que se disfrutan corriendo mientras retumban mis zancadas y se pierden los pies en el manto de hojas secas que durante todo el año lo cubren. Paralelo, un arroyo con contínuos saltos de agua me obliga a apagar la música del mp3 para disfrutar de su particular música. No hay palabras para describir esto. Un trago de su agua y a completar el entreno. Hoy no hemos podido pasar de los 1000 metros de desnivel acumulado, pero la belleza de estos hayedos, salpicados por acebos y abedules hace que lo supere.
Otro descubrimiento, un escenario perfecto para unas tomas fotográficas en días venideros, con las que acompañaré las siguientes entradas.
Lo de publicar semanalmente me lo voy a proponer muy en serio y espero cumplir.
Muchas gracias a todos los que me habéis apoyado con vuestros mensajes. No hay duda de que sirven, y mucho.