
Y para olvidar los entrenos nocturnos de la semana, nada mejor que aprovechar las horas de luz del sábado pasado. Eso sí, con mucho viento que, a decir verdad, apenas molestó al discurrir la mayor parte del recorrido por hayedos.
Metí un bote de pintura en spray en mi camel back y hasta Pipaón (a los pies de la Sierra de Cantabria) me fui. El objetivo era claro: pintar la placa que se observa en la segunda foto, y que corresponde a la cima de Recilla (1381 m). La colocamos mi cuadrilla de amigos y yo hace casi 9 años, tras recibir el mayor golpe que me han dado en la vida. Es simplemente una silueta de dos alpinistas ascendiendo encordados. La forjó mi aita en hierro y no tiene ningún tipo de inscripción.
Aprovechando que el día no estaba tan mal, a pesar de las nubes que se acercaban a gran velocidad, decidí visitar otra cima cercana: Cervera (1384 m).
La verdad es que las vistas sobre la Rioja Alavesa son impresionantes. Incluso se divisa la cima de San Lorenzo (Sierra de la Demanda) con sus 2271 m, sobre la estación de esquí de Valdezcaray.
Ya en un contínuo y vertiginoso descenso vuelvo hacia Pipaón, pero antes de llegar al pueblo decido hacer una tercera cima: Semendia (1042 m). Una última cumbre que me deja las piernas llenas de heridas y arañazos dado el gran número de bojes que cierran el camino. Tras enredar un buen rato buscando el pequeño buzón que nos ubica en su cima, saco la cámara y... sorpresa: no tengo batería.
En total, 1h 30' para 3 cimas y 1600 m de desnivel acumulado.
