Hace 11 días fui al podólogo en Palencia para que me hiciera otro estudio de la pisada, ya que arrastro molestias en mi tibia derecha desde hace semanas.
Consecuencia: tuve que dejar en la consulta las plantillas para que me las modificaran, y me quedé sin rodaje largo el fin de semana.
Una semana sin plantillas, tirando con unas viejas (que algo hacen), y no pude evitar hacer la salida el sábado pasado. La idea era hacer una tirada de unos 20 km, pero el hecho de no llevar las plantillas nuevas hizo que se quedara en poco más de 13.
Desde el puerto de Azazeta corono Arraialde Norte (1042 m), Arraialde Sur (1048 m), Arbozu (1063 m), Indiagana (1101 m), Elabe (1068 m) e Itxogana (1063 m), para un total de 1320 m de desnivel acumulado por extensos hayedos y robledales. Se agradece la sombra porque, aunque empieza a hacer frío, el sol sigue haciendo daño a la vista.

Por otro lado, por mi cabeza rondaba la idea de hacer algún día la Integral de la Llanada Alavesa, un recorrido de 212 km con 22630 m de desnivel acumulado, en el que se coronan 34 cimas principales y 83 secundarias, que como su nombre indica, se traza sobre la línea de montes que la rodea.
Es un proyecto que ha impulsado Eloy Corres (Sociedad Excursionista Manuel Iradier), que permite su realización tanto en la modalidad a intervalos como contínua (en esta última opción se permiten paradas no superiores a 24 horas).

Pues he decidido que voy a realizarla corriendo, no sé en qué modalidad, aunque me curo en salud y diré que a intervalos.
Mientras tanto, seguiré tocando madera para que mi periostitis me deje tranquilo.

Buenos entrenos a todos.

En un principio no tenía pensado correr fuera del nuevo horario (porque sinceramente acabo las clases reventado), pero he decidido hacer una tirada larga todos los sábados, de no más de 3 horas a ritmo suave, para soltar piernas.
Al final, 23 km con apróximadamente 1200 m de desnivel acumulado. Y de tarde, porque los sábados por la mañana últimamente no hay quien me levante de la cama.
Continúo el entreno y voy a dar otro balcón con unas vistas que quitan el hipo (yo nunca veo el mar, y cualquier acantilado que veo me impresiona). A mis pies tengo casi 800 escalones que me llevan al Faro del Caballo, hoy abandonado. El año pasado estuve aquí haciendo psicoblock; desestresante total. Ahora toca subir los 800 peldaños. Sobre el 140 pierdo la cuenta de los que llevo y el tramo se me hace interminable. Eso sí, merece la pena bajar al faro para disfrutar de la tranquilidad que rodea el entorno.
Sigo a lo mío y me interno en una especie de desfiladero. En esta zona se explotó una mina de hierro en el siglo XIX. El camino discurre rodeado de avellanos, hayas, encinas y robles, y en esta parte del recorrido el correr ya no es tan cómodo, dado que el itinerario pica para arriba dando multitud de giros.
Por lo que respecta a mi tibia, las molestias van a menos. La duda viene por no saber el motivo. Algún otro día corrí descalzo por la playa de Laredo (a lo largo de sus 4,250 km de longitud) sin tener ningún tipo de molestia. Y ahora me dedico a correr con zapatillas que tenía guardadas en el baúl de los recuerdos. Estas zapatillas en su día no me dieron ningún problema, y como aún no tienen ni 500 km, pues las sigo utilizando a día de hoy.
He comenzado suave, ya que el objetivo era acumular kilómetros y desnivel. Además, los 29º C que había no iban a ayudar mucho. Así que, al trote y sin sufrir.
Por suerte, este trazado se ha convertido en vía verde, y puede ser disfrutado por cicloturistas y atletas. En las dos fotografías de arriba se puede ver el apeadero del monasterio de Estibaliz con una diferencia de 90 años.
Tras este breve homenaje al ferrocarril Vasco - Navarro y a la vía verde en que se ha convertido, yo sigo sumando kilómetros para coger poco a poco el ritmo y poder hacer alguna carrera en condiciones. Hay días en que la tibia derecha hace nuevos amagos de dar guerra, pero de momento la cosa no pasa de ahí, de simples amagos. Y cuando me animo a coger la bici, miro por la ventana y no veo más que agua y más agua. Menudo mes de julio.


Entre sesión y sesión de piscina, fortalecimiento y bici, en la que poco a poco voy cogiendo el puntillo, porque al principio las piernas no se hacían del todo a ella, y se tenían que conformar con 50 ó 60 kms (todo lo que pasaba de estos dígitos no era muy bien recibido por mis gemelos).

